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Para pensarlo...

Si supiéramos que el Dios de lo imposible estará a nuestro lado para ayudarnos cuando nuestras capacidades humanas falten, estaríamos dispuestos a tomar retos mayores. Pues la realidad es que él está allí, por eso cada día aspiramos a hacer proyectos cada día más grandes.

Es hora de utilizar estas disciplinas aplicándolo a nuestra misión, Dios nos ha dado suficiente sabiduría para no caer en los errores del mal uso que el mundo secular le ha dado. Si poner en práctica estos conocimientos nos hará ser más efectivos en el arte de planificar y comunicar la solución para el hombre, seguramente estaremos cumpliendo el plan de Dios.
Nosotros mejor que nadie estamos convencidos de la utilidad de nuestro producto, deberemos buscar los objetivos en la publicidad que están directamente relacionados con el nuestro cliente tanto dentro como fuera de la iglesia y su reacción ante el mensaje, no importa los medios o tiempo que usemos. Siempre buscaremos informar sobre nuestro producto, demostrar sus capacidades, despertar la necesidad de adquirirlo y convencer a la decisión por obtenerlo. Para ello será necesario tener en cuenta el comportamiento de nuestro producto durante ciclo de vida que es una forma de analizar percepción de la audiencia y las formas como tratamos sus diferentes fases nos dará mejores resultados.
El Salmista dijo: “Yo publicaré tu gloria”, Salmo 145:6. Si estamos concientes que el mejor producto jamás diseñado para la humanidad está en nuestras manos, y que el diseñador por excelencia consideró nuestro servicio para llevarlo a quienes lo necesitan, invirtamos tiempo en la búsqueda de formas de anunciarlo.
En nuestro caminar encontraremos dificultades y posiblemente fracasos. Pero es importante recordar el momento en que una persona recibe el llamado a la salvación, verlo correr por un pasillo de la iglesia y caer de rodillas llorando al encontrarse con el poder perdonador de Dios. Si esta visión produce pasión por nuestro producto, debemos buscar cuantas maneras creativas emanen de la inspiración divina para que este escenario se repita con más frecuencia.

Seamos buenos vendedores de nuestro producto. La comisión ya ha sido ganada.

Recomendaciones Ministeriales.

Debemos tomar decisiones importantes para mantener un equilibrio entre la teoría y la realidad de nuestra misión cristiana. La iglesia no es una empresa, pero es importante manejar con mucha sabiduría el aspecto financiero, los libros deben estar al día para cualquier auditoría que se realice por parte de autoridades competentes. Por esa razón, es adecuado manejar un plan financiero que nos permita estar solventes para que nuestros proyectos de inversión sean planteados con la fe puesta en el dador del oro y la plata, pero con planes operativos de ejecución organizados en su mayor consecuencia.
La salvación no es un producto comercial, no se vende, no se remata, no se empeña. Pero no podemos negar que es el producto que debemos ofrecer, su precio fue la sangre de Cristo y su mejor deseo es que nosotros lo ofrezcamos con eficiencia. Los logros deben estar relacionados con el esfuerzo empeñado, de no ser así podríamos considerarnos ineficientes. Una iglesia estancada es un negocio en quiebra puesto que el propósito de Cristo es que la iglesia crezca, tanto en calidad como en cantidad.
Los miembros no son empleados a quienes debemos explotar por su servicio, no obstante debemos reconocer que es el mejor recurso con que cuenta la iglesia. Tal como lo haría una empresa, el recurso humano debe ser motivado, incentivado, capacitado y evaluado para lograr su mejor rendimiento.
Si no tenemos problema con los enunciados anteriores, veremos que la mercadotecnia no es mala. El hombre escribió su teoría pero el diseño le pertenece a Dios, como una disciplina para lograr mejores resultados en nuestros esfuerzos. Tampoco la publicidad es un invento humano; es un arte que Dios esbozó y puso en práctica para su utilización. Luego la puso en nuestras manos como una misión bajo la marca por él registrada: “las buenas nuevas de salvación”.
Convencidos de lo anterior, enunciaremos recomendaciones de suma importancia para los ministerios cristianos con el propósito de implementarlas en las actividades que hacemos cada día; disciplinas que nos harán lograr mayores beneficios por nuestros esfuerzos.


1. Trabaje arduamente en la planificación.

Trabajar sin planificación es prepararse para fracasar. Jesús un día lo dijo: “Ninguno que piensa hacer una torre, antes de iniciar hace presupuesto de su costo, para no quedar avergonzado”. Los esfuerzos no planificados suelen terminar en proyectos fluctuantes que nuestros miembros y colaboradores perciben y que termina traduciéndose en frustración o cinismo para el conductor de la grey.
Cualquier Instituto Bíblico sirve una clase de administración o planificación estratégica. En ella aprenderá a trabajar con una visión global para la iglesia, como definir metas vinculadas a objetivos y sobre todo la elaboración de estrategias que puedan transferirse a programas ministeriales con el objeto de ejecutar planes operativos anuales en armonía de los alcances financieros.
Si conoce el tema sabrá de qué estoy hablando, si no es así, tenga la humildad de acudir a un centro apropiado o comprar un libro cristiano que le pueda ayudar en esta materia y de conocer un colega con mayor experiencia, sentarse a pedirle consejos será sabio.
La mercadotecnia está muy relacionada con la administración, le ayudará a lograr resultados de sus esfuerzos, pero la administración es más amplia en aspectos de visión, planificación, ejecución y seguimiento de proyectos. Con el tiempo se puede alcanzar grandes capacidades administrativas, los libros le pueden ayudar a confirmar su experiencia o ahorrarle errores por los que otros ya pasaron. No le tema. Afróntelo y trabaje arduamente en la planificación, le será útil toda la vida.

Las “4 P” del diseño de Productos

Desde el punto de vista práctico, uno de los métodos de la planificación en materia de mercadeo de productos se basa en el desarrollo de los cuatro aspectos más importantes en la relación oferta y demanda. Estos cuatro aspectos son: El Producto, el precio, la promoción y la plaza. A esta metodología se le conoce como: “las 4 P”.

Producto
Debe estar claramente socializado cual es el producto a mercadear desde el punto de vista de los beneficios que generará a quienes lo adquieran, sean estos económicos, espirituales o de fortalecimiento estructural. Recordemos que los ciclos de comportamiento del comprador nos definen la partición necesaria que se debe hacer del producto. Por ejemplo, cuando se inicia un año lectivo de discipulado, uno es el ciclo de vida de la matrícula y otro es el ciclo de vida de la duración de este curso. La etapa de matrícula puede considerarse como un producto separado, pues los objetivos de ese tiempo se miden en función de los que se inscriben pero los seis meses que pueda durar el curso requerirán otro tipo de estrategias para obtener los mejores logros. Es por eso que el producto de la matrícula debe estar muy relacionado a la etapa de lanzamiento del discipulado en si, esto puede ser un evento de inauguración donde se está confirmando el inicio de 6 arduos meses.

Precio
También es necesario establecer con claridad cual es la situación económica del producto, sea este un proyecto físico, evangelístico o de formación de personas. En ese sentido se debe conocer las inversiones necesarias en el tiempo, el costo directo de realización y las utilidades logradas si todo nuestro producto es distribuido como se planificó. Esto es definir el precio y en el caso del discipulado se deberá considerar los costos de manuales, marcadores, borradores, bonificaciones, premios, eventos o todas aquellas inversiones necesarias para el logro durante los 6 meses. Este presupuesto estará comparado con una recuperación de la inversión con el pago de matrícula, mensualidades, subsidios, ofrendas o cualquier otro ingreso programado para recuperar el gasto realizado. Al final se espera tener una utilidad económica que permita un fondo en la inversión del siguiente ciclo del discipulado.

Promoción
Definir la promoción es establecer la campaña publicitaria que deberá llevar el discipulado durante los seis meses. No olvidemos que en el primer mes deberemos obtener la atención y esforzarnos por que las personas que se matricularon realmente tomen el curso o convencer a los indecisos aunque para ello haya que recurrir a promociones en la última etapa de la matrícula. Pero en el resto de tiempo será necesario realizar esfuerzos de motivación para que tanto maestros como alumnos crucen saludablemente por esos seis meses, debe haber esfuerzos de promoción para evitar la deserción, contrarrestar el desánimo, incentivar los logros y cualquier artimaña cristianamente aceptable que nos ayude a promocionar los logros. En la etapa de cierre, debe considerarse el evento de clausura como un producto separado, recordemos que es la fase de descuentos que debe empujar los alumnos a terminar el curso. Y si hay promoción de graduados, este debe ser el lanzamiento de la fase de matrícula para el curso siguiente. Esto es definir la promoción, invertir en ello nos dará resultados sorprendentes.

Plaza
Identificar la plaza es definir donde será que las personas tendrán acceso a la adquisición del producto en sus diferentes fases de vida. En el caso del discipulado: donde se impartirán las clases, donde se realizarán las prácticas, donde se realizará la graduación e incluso donde estará disponible la información o materiales todo el tiempo de vida del producto. Se debe recordar que la plaza debe estar accesible y adecuada, estamos tratando un cliente que decidió pagar un curso al que asistirá durante 6 meses, espera que se le atienda con puntualidad y responsabilidad. Y por ser miembro de la congregación no debemos descuidar los detalles mínimos como ser la ventilación, iluminación y aseo del salón. No digamos de la disponibilidad de materiales, diplomas a tiempo y un seguimiento cuidadoso de los aspectos pedagógicos involucrados. Esto es dar un servicio de excelencia a un cliente. Esto es definir la plaza.
Invierta lo necesario en la planificación, sobre todo escribiendo lo necesario de forma ordenada para que pueda ser convertido en metodologías transferibles a otras generaciones de personas que constantemente están integrándose. Recuerde que lo escrito sirve de guía para quien no conoce el tema, si no escrito puede nunca transferirse; razón debió tener Dios al obligar al hombre a escribir su palabra. No es conveniente llegar a manuales operativos que limiten la espontaneidad del Espíritu Santo, pero un maestro puede olvidar todos los días su borrador, porque no existe un simple manual de consejos para instructores, donde se recomienden los aspectos importantes para impartir clases, preparar materiales, elaborar exámenes o motivar el ánimo de las personas.


2. Considere los ministerios como productos.

Eso es sumamente importante luego de lo que hemos visto. La Iglesia tiene diferentes ministerios que suman a una sola visión, que debe estar diseñada para que cada proceso aporte una cuota claramente identificada. Pero cada ministerio debe considerarse un producto independiente. Los logros serán diferentes, pero deben ir en concordancia con los planes globales de la iglesia.
Por ejemplo, considere el Ministerio Infantil como un producto, dentro del cual diferentes estrategias cumplen los objetivos para los cuales fue diseñado y con metas que puedan ser mensurables. Si entre esas estrategias se incluyen una reunión dominical, un curso vacacional, un programa de títeres y un plan de evangelismo infantil, considere que cada uno de esos cumpla un propósito especial en el ciclo de vida del ministerio infantil. Se dará cuenta así que los clientes son los niños y adolescentes, que el producto es su salvación, que la forma de adquirirlo puede ser asistir a la reunión dominical o el alcance de nuevos integrantes y que lo importante es que haya un equipo con la creatividad necesaria para lograr esas metas en el año.
Instruya al equipo responsable de este ministerio, para que su plan de trabajo anual, vaya en concordancia del ciclo de vida de ese producto. Debe iniciar con una forma impactante para llamar la atención, continuar con un esfuerzo de crecimiento con el fin de alcanzar beneficios no solo económicos sino sociales y espirituales. Habrá etapas de madurez y saturación durante el cual se espera los mayores resultados y habrá inevitablemente una etapa de declinación, que sucede los últimos meses del año en la cual debe lanzarse el producto del año siguiente para mantener una extensión apropiada. Es adecuado previamente el diseño de estrategias para esta fase difícil con el objeto de extender el ciclo de vida hasta que el año termine sin tener que hacer un esfuerzo tan grande de arranque el siguiente período.
Si tiene la opción de decidir los equipos de trabajo, no los cambie cada año, y si esto no está a su alcance por las reglas de la denominación, intente proponer que los integrantes de los equipos salientes jueguen un papel de asesoría a los equipos entrantes con el propósito de mantener continuidad.
Esta estrategia puede aplicarla a los diferentes ministerios: juveniles, financieros, discipulares o evangelísticos. Si la palabra mercadotecnia le parece ofensiva cámbiela por planificación estratégica o un sinónimo de su preferencia, pero decida vender su producto con eficiencia. Si cuenta con algún profesional en el área de administración de empresas o carreras afines, involúcrelo pues le será de beneficio.

3. Piense seriamente en invertir en publicidad.

Para ello no necesita contratar una empresa especializada. Puede usar diferentes estrategias que le permitan comunicar efectivamente dentro y fuera de la iglesia todas las maravillosas cosas que hace. Los eventos especiales, celebraciones o reuniones semanales deben tener el suficiente esfuerzo de comunicación con el propósito de lograr los impactos deseados.
Maneje un equipo de personas creativas que se dediquen a diseñar estrategias para la comunicación de los eventos.
El equipo de comunicación puede buscar medios al alcance, aunque estos tengan que iniciar con comunicaciones verbales atractivas desde el púlpito. Estas deben hacerse en función del ciclo de vida del producto anunciado sin olvidar que algunos anuncios debe hacerlos usted. El acceso a medios informáticos cada día permite hacer atractivos volantes para eventos especiales y puede estar en los planes de este equipo la implementación de un boletín que se pueda distribuir con cierta periodicidad. El uso de un pizarrón de anuncios será importante, en un lugar apropiado y con buena creatividad puede convertirse en un punto de comunicación de ideas, aún aquellas que sean muy extensas.
Este equipo puede aportar capacitación a los diferentes ministerios para transmitir o intercambiar ideas y si puede involucrar personal profesional como ser publicistas, diseñadores gráficos, personas con facilidad de escribir o comunicar, será más efectivo.
Lo demás queda en su creatividad, puede invertirse en un equipo de proyección que cada día son más accesibles, así como un buen rótulo, página en Internet o las oportunidades que se vayan prestando para lograr comunicar más, dependiendo del tipo de usuarios que tiene.

4. Intente mantener una buena imagen de la Iglesia.

Lo que las personas perciben de la iglesia, tanto dentro como fuera de ella está muy relacionado con el arte de comunicar y vender nuestros servicios. Recuerde que no todos estos consejos de imagen corporativa se adaptan a cada iglesia, pues deben estar en consonancia de los medios disponibles. Usted tendrá que decidir que implementa y el tiempo apropiado. El factor económico no es la única limitante, esto lo puede comparar si valora la inversión existente en equipos musicales y de sonido.
Una iglesia con una fachada no muy atractiva o un rótulo desentonante con su entorno puede causar la impresión de descuido, mala atención o mal gusto. Si bien la fachada no es el todo de la iglesia, no es muy caro invertir en una cara limpia, armónica y que denote la presentación de los hijos de un rey constituidos embajadores de su dominio en esta tierra.
Debe invertir en la selección de las personas involucradas en el servicio de atención en la puerta del templo, acomodamiento de personas, cuidado maternal, recolección de ofrendas o cualquier servicio donde un visitante tenga una primera impresión. Estas personas deben tener don de servicio, amabilidad, sonrisa natural, buena presentación y aquellas características que permitan que las personas sean atendidas como se lo merecen. Seamos sinceros, no todos tienen esas cualidades y debemos invertir en la selección y capacitación de este recurso.
También para invertir en la imagen, debe hacer esfuerzos por estar accesible a las personas no solamente en el tiempo de reuniones. Para esto hay diferentes formas, de acuerdo a la ubicación en la ciudad o medios de transporte. Hacer un esfuerzo por estar cerca no solamente se puede lograr con una oficina, claro que esto es lo mejor. Pero debe estar disponible para la comunicación que pueda venir desde afuera; un apartado postal, correo electrónico, teléfono o página en Internet son formas de estar cerca de las personas. Sobre todo si hay alguien que responda a la comunicación entrante.
Y también será importante poder invertir esfuerzos en mantener una comunicación hacia afuera, esto ayuda a mantener la imagen y prestigio ministerial. Frecuentemente los medios de comunicación escritos aceptan editoriales enviados por un pastor o líder de la iglesia. Es Obvio que para esto será necesario preparar material con buen estilo en su redacción y contenido. Hoy día publicar material en Internet es sumamente fácil y en la medida de las capacidades de la iglesia el producir materiales impresos o multimedia puede no solamente mantener una buena imagen sino ser una forma de apoyo a otras iglesias al tiempo que se pueden generar ingresos que sostengan estos esfuerzos.

5. Prepárese para evitar el fracaso.

El esfuerzo en evitar el fracaso es más importante que el depositado en lograr el éxito. Por supuesto que un ayuno resuelve la vida de cualquier creyente fervoroso, pero muchas veces sufrimos depresiones porque no nos esforzamos en afrontar nuestros defectos. Entre mayor es nuestra responsabilidad ministerial, más difícil es aceptar los errores, a pesar que los sabemos porque alguien los ha mencionado o porque en el cinismo eclesiástico los aceptamos como comportamientos irrenunciables. Me refiero a defectos que pueden ser fatales, como el descuido de la apariencia personal, la costumbre de iniciar proyectos y dejarlos a medio camino, el pelearnos con las personas cuando creemos que están ganando o el resentimiento ante posiciones opuestas a las nuestras.
Los defectos no los consideramos pecados, porque frecuentemente son malos hábitos que pueden ser el resultado de toda una vida acostumbrada a funcionar así, sea porque algunos momentos del pasado nos llevaron a ello o porque tenemos capacidades no desarrolladas conocidas como debilidades y en ellas se filtran comportamientos que desagradan.
Sea sincero y conciente de ello, y si tiene mayor valor, haga lo que hizo Jesús, preguntarle a personas de confianza qué creen otros de usted. No ganará el cielo en saberlo, podría ser desagradable, pero es fatal no afrontarlas, puesto que cualquiera de las recomendaciones de este material podría echarse a perder por un hábito no bien manejado.
Por esa razón insisto en decirle que es más importante esforzarse más en evitar el fracaso que en lograr el éxito.

Cómo lograr buena publicidad.

La publicidad es más cuestión de práctica que de conocimiento, no obstante hay algunas consideraciones que deben tenerse para planificar y ejecutar una buena campaña de publicidad y estos son: la audiencia, los medios, el tiempo, el mensaje, la entrega y la evaluación.

1. La Audiencia.

Las personas a quienes va dirigido nuestro mensaje son importantes. Por eso debemos tener en cuenta sus valores, emociones, aversiones y aquellos aspectos que consideremos que influirán en la decisión positiva o negativa respecto a nuestro ofrecimiento. Muy pocos productos son para todas las personas, si bien nuestro producto, la salvación es para todos, debemos saber que no podemos ofrecerlo por igual a diferentes edades, niveles educativos o estratos sociales. No es hacer acepción de personas; al final esperamos llevarles el perdón de sus pecados, pero debemos admitir que para evangelizar a un profesional universitario se puede tener más éxito utilizando un comunicador de igual nivel. Pablo dijo: “me he hecho griego a los griegos, judío a los judíos con el fin de ganar a muchos”. Es claro que Pablo no hizo un evangelio acomodado a los griegos, pero debió buscar la forma de presentarlo en un lenguaje que pudiera tener altos resultados.
Un anuncio clasificado en el periódico puede ser bueno para vender un vehículo u ofrecer servicios técnicos, pero puede ser un desprestigio para una empresa que ofrece servicios de alta calidad. De igual manera un anuncio en la iglesia para jóvenes puede ser desagradable para adultos; no significa que debemos separarlos para dar el aviso, pero deberemos ser cuidadosos y concientes de quien es nuestro cliente meta para llegar a él causando el mayor impacto.

2. El Medio.

Una vez definida la audiencia es apropiado considerar el medio más adecuado. Para anunciar una conferencia en que presentamos un expositor extranjero donde esperamos presencia de miembros de diferentes congregaciones de la ciudad, será necesario usar medios masivos de comunicación. De preferencia radios o revistas cristianas que sabemos tienen mayor audiencia. No obstante, para anunciar un evento en una congregación de tamaño regular, será más efectivo invertir esfuerzos en un boletín local, hojas volantes o anuncios en reuniones dominicales.
Jesús utilizó medios variados, no todo lo habló. Y aún lo que habló en algunos casos lo hizo con parábolas, ejemplos o explicaciones simples. También usó publicidad de alto nivel para personas de grandes responsabilidades, tal como la transfiguración; el sabía que las tres únicas personas que estaban viendo debían ser impactadas para siempre con un espectáculo sumamente impresionante. Que decir de las profecías escritas siglos antes que viniera, o la estrella que marcó su nacimiento complementada con ángeles que cantaban a pastores. Aún la publicidad del silencio cuando se inclinó a escribir en la tierra es un medio que utilizó para convencer una clientela negativa.
La selección del medio a utilizar es vital para un éxito en el esfuerzo publicitario.

3. El Tiempo.

Cuando hablamos de tiempo nos referimos a la duración de la publicidad. No podemos desgastarnos una vida anunciando un producto como lo hizo Noé, quien después de 120 años de predicar logró que solo 7 personas se convencieran de su mensaje. No cuestionaremos a este hombre que la escritura dice que halló gracia ante los ojos de Dios, pero sí mencionaremos que el tiempo a invertir en la publicidad debe ser estimado, puesto que en estos días representa inversión de dinero o de recurso humano.
El tiempo que se considera para la publicidad debe ir en función de las diferentes etapas del ciclo de vida de nuestro producto. Recordemos que la gente suele ser reacia a la propaganda, al grado que cambia el canal de televisión en los comerciales o le baja el volumen. No debería extrañarnos que si la iglesia maneja el tiempo de anuncios como un punto del programa muchas personas en ese momento cambien de canal en su atención. Hasta donde sea posible debemos ser variados en la presentación de los anuncios, hasta en la predicación se puede anunciar un evento, sin que las personas se den cuenta y con grandes resultados.
Alguien dijo que el tiempo es oro. En la publicidad el tiempo es el oro de la atención de un oyente que no tiene la obligación de interesarse y debemos buscar la manera de aprovechar lo mejor posible esos segundos de atracción al llamado: “el que tiene oídos para oír oiga”.

4. El Mensaje.

El mensaje es de vital importancia, porque mal planteado puede generar expectativas falsas o malos entendidos. Para hablar de diezmos no es necesario sacar el mensaje de Malaquías y hacer hincapié a las personas en el robo descarado que están haciéndole a Dios. Es claro que algunas personas pueden caer en razón con un mensaje severo porque el toque imperativo motive por medio del Espíritu Santo sus corazones, pero es muy probable que muchos se motiven más oyendo el testimonio de personas que manifiesten su creencia en las ventanas de los cielos abiertos por mostrar gratitud a Dios por medio de su diezmo.
El mensaje que se pretende dar por medio de la publicidad es tan importante que generalmente debe decirse de forma literal. No es cierto que los problemas de una persona se terminen al tomar su decisión por seguir a Cristo; es muy probable que muchos problemas que antes no tenía ahora tenga que afrontarlos. El poder dar el mensaje adecuado debe ir guiado por la iluminación divina y la crítica de otros colaboradores ingeniosos.
Por eso si queremos hacer buena publicidad debemos considerar con cuidado el mensaje.

5. La Entrega.

La publicidad es más un arte que una ciencia, porque solo puede juzgarse de buena o mala, de efectiva o ineficiente, de abnegada o irreverente.
Aquí es donde se involucra la pasión con que las personas hacen las cosas, desde el vigilante que cuida los carros en el parqueo frente al templo hasta el músico que se derrama delante de Dios haciendo bajar la gloria del mar de cristal a un corazón destruido y le convence de la presencia que fluye en medio de la congregación.
La publicidad también necesita pasión por medio de una entrega total a la comunicación de ideas. Cuando se usa personas que no tienen esta vocación, cuando se comunica en un momento inadecuado o sin el ímpetu necesario se hace míseros remedos de la pasión con que Jesús caminó con una cruz hacia el Gólgota. Es necesario invertirse totalmente en esta misión, tal como lo dijera el misionero: “Que la pasión por Dios me consuma”. Que el comunicar las verdades que sabemos van a cambiar las vidas no parezcan mentiras por la poca entrega que se invierte en ello.
La forma como Jesús realizó cada acto; como sus sentimientos manifestaron llanto, alegría, enojo o tristeza demuestra que lo que hacía, lo hacía con una entrega total a una adaptación humana a la que no estaba acostumbrado durante toda una eternidad. La escritura cita: “Y Jesús se regocijó en gran manera”. Si creemos que la publicidad extrovertida es imprudente, deberíamos haber visto a Jesús carcajearse humanamente.

6. La Medición.

No es correcto hacer esfuerzos sin medir su impacto justificándose en la dureza de las personas o su escasa dedicación a Dios. Muchas veces el poco éxito de nuestra labor se debe a una publicidad mal enfocada, y eso debe hablarse entre colaboradores de confianza para evitar caer en la complacencia.
El mismo Jesús se sentó a escuchar lo que decía la gente de él, no porque no lo supiera sino porque quiso ejemplificar la necesidad del auto evaluación. En un momento Dios llama al humano diciéndole: “Ven, estemos a cuentas”. Dios no necesita que yo le haga cuentas porque él las conoce, pero insiste en sentarse a evaluar lo que ha pasado, lo que estuvo bien, lo que estuvo mal. A la hora de sumar y restar debemos ser eficientes en nuestra labor.
Por eso es importante que existan metas antes de realizar los eventos, porque esas metas serán el punto de comparación para medir la eficiencia de nuestros esfuerzos. Claro que la publicidad no será culpable de todo lo que salió mal pero el saber medir con sinceridad nos hará realizar las cosas mejor.

Así que si deseamos hacer buena publicidad no debemos olvidar la consideración de la audiencia a quien va dirigido, los medios más apropiados para alcanzar esa audiencia, el tiempo necesario para obtener resultados, el mensaje que deseamos transmitir, la entrega que invirtamos y la medición de resultados.

Objetivos de la Publicidad.

Hemos visto que la publicidad aplicada a la mercadotecnia está planeada para el ciclo de vida del producto. En la medida que este pasa por sus diferentes etapas necesitará diferentes tipos de enfoques, pero sea que esté en la fase de causar curiosidad o de generar imagen corporativa, hay objetivos que debe cumplir.

1. Informar.
Un producto no es visto de igual forma por diferentes personas y mucho menos en diferentes tiempos. Un par de zapatos puede significar seguridad para un constructor, y para una dama puede ser sinónimo de glamour. Una computadora en un tiempo puede considerarse un lujo y en otro momento una necesidad. La diferencia radica en el beneficio que produce. Eso precisamente es el producto y en esa función debe ofrecerse.
Que mejor manera de aclarar los beneficios del producto si no es por medio de la publicidad. Por esto la publicidad es información.
Luego de llamar la atención debe concluirse diciendo: “helo allí”, tal como lo hizo Juan el Bautista. No era importante el anunciante, más bien él mencionó que le era necesario menguar para que Cristo creciera. Su ministerio concluye con un broche informativo: “he aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.
Por lo tanto no debemos olvidar, que aunque algunas fases de la publicidad son poéticas y apelan a la inspiración, en el momento de tener la atención debe cumplir una función informativa.




2. Demostrar.
Si bien se conoce la utilidad del producto ofrecido, debe demostrarse su efectividad comparado con la competencia o la falta de él. Esto se logra con información, pero también con demostraciones en vivo.
La noticia de Jesús fue la misma siempre: “el reino de los cielos se ha acercado”; pero debió demostrar la realidad de ese reino por medio de acciones que le diferenciaran de muchos revoltosos que habían venido antes que él. También debía diferenciarse de su competencia tradicional; conservadores religiosos acostumbrados por años a hacer las cosas a su manera.
Jesús debió demostrar su diferenciación con milagros poderosos, pero también con acciones humillantes y controversiales. No lo hacía por causar conflicto; más bien porque estaba seguro de su verdad, reconociendo que para mostrar un reino desconocido, era imperante ejemplificarlo con ejercicios prácticos.
No es extraño que cuando vamos al supermercado haya muestras de prueba de productos, o las empresas dedicadas a vender artículos por televisión acuden a demostraciones en vivo de su efectividad. Como cristianos debemos acudir a las demostraciones que muestren que lo que predicamos también lo vivimos y esto deberíamos llevarlo a la práctica con cada actividad que realizamos. Hacemos tantos eventos en el año, tal como campañas médicas, venta de productos usados, conciertos, cenas o eventos en público. Sería interesante que analizáramos como lograr que estas actividades se conviertan en demostraciones reales de la fe que creemos.
Eso es Publicidad demostrativa al estilo Jesús.


3. Despertar.
Ningún esfuerzo es bueno si no produce reacciones de cambio en las personas. Eso es lo que busca nuestra misión y a eso es que llamamos arrepentimiento. Para esto se debe acudir a la creatividad, el ingenio por medio de la acción con el objeto de provocar reacciones de la curiosidad, la empatía, el reto y la convicción.
No hay personaje más creativo que Dios. Para ello solo debemos comparar un caballo de una cebra, ver el esplendor de un pavo real o analizar el buen humor de Jesús. El ser creativo no implica ser extrovertido, las personas deben prestar atención sin necesidad de sentirse ofendidas o agredidas.
Jesús para sanar a un ciego usó un poco de sucio lodo, era un acto de creatividad más que la beatificación de santa saliva. En otro momento provocó tanta curiosidad que alguien subió a un árbol para verle. Luego lo vemos entrando como rey montado en un simpático burro. Era necesario estar allí para poder ver la creatividad que tenía aquel que podía hablar a cinco mil personas, sin micrófono ni parlantes, en un lugar desértico y captar su atención sin tener que competir con el crujido colectivo del organismo ante el hambre inminente.
Estoy seguro que sabe de que hablo, usted lo ha visto en la predicación de un pastor cuya introducción es tan impactante que no se da cuenta a que hora se gastó 45 minutos que otro pudo haber convertido en un santo arrullo para almas reverentes. Apele a su creatividad, llame a la curiosidad de los ingeniosos, rete la valentía de los virtuosos, impresione la incredulidad de los aburridos.
Sea publicista al estilo Jesús, despierte la necesidad de los demás.




4. Convencer.
Ninguna práctica publicitaria es efectiva si no convence a la decisión por adquirir el producto. Si bien la persona debe estar informada y motivada, el arrepentimiento no es real mientras la persona no decide cambiar de dirección.
Este es el objetivo que más cuesta asimilar, porque la única manera de medir la publicidad orientada a la mercadotecnia son las ventas. En el ministerio esto es complicado, porque que no solamente medimos los nuevos convertidos, también debemos medir los que salen por la puerta trasera, los que capacitamos, los que involucramos en el ministerio y los que enviamos a servir. Adicionalmente también se deben medir los logros económicos, no porque sean prioritarios, sino porque todos los esfuerzos que se hacen cuestan dinero.
Jesús mantuvo un sorprendente equilibrio entre medir sus logros y el esfuerzo invertido en convencer. Claramente demostró que para él no era importante el tema económico y lo demostró delegando el cuidado del dinero quien que él conocía que no lo iba a administrar bien. Pero embargo su empeño por convencer lo manifestó en un plan organizado magistralmente con miras a saturar primeramente su equipo colaborador por medio de la enseñanza, el ejemplo, el monitoreo y la inspiración. Vemos como se esforzó por predicar a las multitudes, pero dedicar su mayor empeño en permanecer arduamente con grupos reducidos. Manejó un equipo de setenta personas a quienes envió de dos en dos; se hizo acompañar de doce individuos a quienes llamó selectivamente; disfrutó la compañía de tres de sus discípulos y les enseñó misterios especiales; invirtió sus últimos días en individuos por separado delegándoles responsabilidades complejas. Todo esto no es más que un acto organizado por lograr un convencimiento total de las personas que deberían cumplir su misión y promover un movimiento que permaneciera por siempre del cual somos partícipes con la misma pasión.
Esto también es publicidad cumpliendo el objetivo de convencer.
Jesús no solo se interesó en las cantidades, lo que hizo fue valorar las personas en las diferentes etapas de el ciclo de su ministerio. Inició desde la nada, llamando uno a uno, luego fue creciendo en número; logró multitudes en su etapa de saturación y finalmente invirtió sus esfuerzos en grupos cada vez más reducidos de personas que preparaba para su producto siguiente. Es claro, no menospreció su última venta cuando ofreció su producto al ladrón a precio de remate, sin mucho regateo le dijo: “hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”
Debemos buscar que la publicidad cumpla la misión de convencer. Un sermón es un acto publicitario, es la anunciación de las buenas nuevas. Pero no solo eso debe convencer, deberemos buscar diferentes mecanismos para no solamente ser un buen semillero de plantas; también debemos promover un ministerio que sea buen vivero para producir crecimiento, sostenimiento y multiplicación.