Debemos tomar decisiones importantes para mantener un equilibrio entre la teoría y la realidad de nuestra misión cristiana. La iglesia no es una empresa, pero es importante manejar con mucha sabiduría el aspecto financiero, los libros deben estar al día para cualquier auditoría que se realice por parte de autoridades competentes. Por esa razón, es adecuado manejar un plan financiero que nos permita estar solventes para que nuestros proyectos de inversión sean planteados con la fe puesta en el dador del oro y la plata, pero con planes operativos de ejecución organizados en su mayor consecuencia.
La salvación no es un producto comercial, no se vende, no se remata, no se empeña. Pero no podemos negar que es el producto que debemos ofrecer, su precio fue la sangre de Cristo y su mejor deseo es que nosotros lo ofrezcamos con eficiencia. Los logros deben estar relacionados con el esfuerzo empeñado, de no ser así podríamos considerarnos ineficientes. Una iglesia estancada es un negocio en quiebra puesto que el propósito de Cristo es que la iglesia crezca, tanto en calidad como en cantidad.
Los miembros no son empleados a quienes debemos explotar por su servicio, no obstante debemos reconocer que es el mejor recurso con que cuenta la iglesia. Tal como lo haría una empresa, el recurso humano debe ser motivado, incentivado, capacitado y evaluado para lograr su mejor rendimiento.
Si no tenemos problema con los enunciados anteriores, veremos que la mercadotecnia no es mala. El hombre escribió su teoría pero el diseño le pertenece a Dios, como una disciplina para lograr mejores resultados en nuestros esfuerzos. Tampoco la publicidad es un invento humano; es un arte que Dios esbozó y puso en práctica para su utilización. Luego la puso en nuestras manos como una misión bajo la marca por él registrada: “las buenas nuevas de salvación”.
Convencidos de lo anterior, enunciaremos recomendaciones de suma importancia para los ministerios cristianos con el propósito de implementarlas en las actividades que hacemos cada día; disciplinas que nos harán lograr mayores beneficios por nuestros esfuerzos.
1. Trabaje arduamente en la planificación. 
Trabajar sin planificación es prepararse para fracasar. Jesús un día lo dijo: “Ninguno que piensa hacer una torre, antes de iniciar hace presupuesto de su costo, para no quedar avergonzado”. Los esfuerzos no planificados suelen terminar en proyectos fluctuantes que nuestros miembros y colaboradores perciben y que termina traduciéndose en frustración o cinismo para el conductor de la grey.
Cualquier Instituto Bíblico sirve una clase de administración o planificación estratégica. En ella aprenderá a trabajar con una visión global para la iglesia, como definir metas vinculadas a objetivos y sobre todo la elaboración de estrategias que puedan transferirse a programas ministeriales con el objeto de ejecutar planes operativos anuales en armonía de los alcances financieros.
Si conoce el tema sabrá de qué estoy hablando, si no es así, tenga la humildad de acudir a un centro apropiado o comprar un libro cristiano que le pueda ayudar en esta materia y de conocer un colega con mayor experiencia, sentarse a pedirle consejos será sabio.
La mercadotecnia está muy relacionada con la administración, le ayudará a lograr resultados de sus esfuerzos, pero la administración es más amplia en aspectos de visión, planificación, ejecución y seguimiento de proyectos. Con el tiempo se puede alcanzar grandes capacidades administrativas, los libros le pueden ayudar a confirmar su experiencia o ahorrarle errores por los que otros ya pasaron. No le tema. Afróntelo y trabaje arduamente en la planificación, le será útil toda la vida.
Las “4 P” del diseño de ProductosDesde el punto de vista práctico, uno de los métodos de la planificación en materia de mercadeo de productos se basa en el desarrollo de los cuatro aspectos más importantes en la relación oferta y demanda. Estos cuatro aspectos son: El Producto, el precio, la promoción y la plaza. A esta metodología se le conoce como: “las 4 P”.
Producto 
Debe estar claramente socializado cual es el producto a mercadear desde el punto de vista de los beneficios que generará a quienes lo adquieran, sean estos económicos, espirituales o de fortalecimiento estructural. Recordemos que los ciclos de comportamiento del comprador nos definen la partición necesaria que se debe hacer del producto. Por ejemplo, cuando se inicia un año lectivo de discipulado, uno es el ciclo de vida de la matrícula y otro es el ciclo de vida de la duración de este curso. La etapa de matrícula puede considerarse como un producto separado, pues los objetivos de ese tiempo se miden en función de los que se inscriben pero los seis meses que pueda durar el curso requerirán otro tipo de estrategias para obtener los mejores logros. Es por eso que el producto de la matrícula debe estar muy relacionado a la etapa de lanzamiento del discipulado en si, esto puede ser un evento de inauguración donde se está confirmando el inicio de 6 arduos meses.
Precio 
También es necesario establecer con claridad cual es la situación económica del producto, sea este un proyecto físico, evangelístico o de formación de personas. En ese sentido se debe conocer las inversiones necesarias en el tiempo, el costo directo de realización y las utilidades logradas si todo nuestro producto es distribuido como se planificó. Esto es definir el precio y en el caso del discipulado se deberá considerar los costos de manuales, marcadores, borradores, bonificaciones, premios, eventos o todas aquellas inversiones necesarias para el logro durante los 6 meses. Este presupuesto estará comparado con una recuperación de la inversión con el pago de matrícula, mensualidades, subsidios, ofrendas o cualquier otro ingreso programado para recuperar el gasto realizado. Al final se espera tener una utilidad económica que permita un fondo en la inversión del siguiente ciclo del discipulado.
PromociónDefinir la promoción es establecer la campaña publicitaria que deberá llevar el discipulado durante los seis meses. No olvidemos que en el primer mes deberemos obtener la atención y esforzarnos por que las personas que se matricularon realmente tomen el curso o convencer a los indecisos aunque para ello haya que recurrir a promociones en la última etapa de la matrícula. Pero en el resto de tiempo será necesario realizar esfuerzos de motivación para que tanto maestros como alumnos crucen saludablemente por esos seis meses, debe haber esfuerzos de promoción para evitar la deserción, contrarrestar el desánimo, incentivar los logros y cualquier artimaña cristianamente aceptable que nos ayude a promocionar los logros. En la etapa de cierre, debe considerarse el evento de clausura como un producto separado, recordemos que es la fase de descuentos que debe empujar los alumnos a terminar el curso. Y si hay promoción de graduados, este debe ser el lanzamiento de la fase de matrícula para el curso siguiente. Esto es definir la promoción, invertir en ello nos dará resultados sorprendentes.
PlazaIdentificar la plaza es definir donde será que las personas tendrán acceso a la adquisición del producto en sus diferentes fases de vida. En el caso del discipulado: donde se impartirán las clases, donde se realizarán las prácticas, donde se realizará la graduación e incluso donde estará disponible la información o materiales todo el tiempo de vida del producto. Se debe recordar que la plaza debe estar accesible y adecuada, estamos tratando un cliente que decidió pagar un curso al que asistirá durante 6 meses, espera que se le atienda con puntualidad y responsabilidad. Y por ser miembro de la congregación no debemos descuidar los detalles mínimos como ser la ventilación, iluminación y aseo del salón. No digamos de la disponibilidad de materiales, diplomas a tiempo y un seguimiento cuidadoso de los aspectos pedagógicos involucrados. Esto es dar un servicio de excelencia a un cliente. Esto es definir la plaza.
Invierta lo necesario en la planificación, sobre todo escribiendo lo necesario de forma ordenada para que pueda ser convertido en metodologías transferibles a otras generaciones de personas que constantemente están integrándose. Recuerde que lo escrito sirve de guía para quien no conoce el tema, si no escrito puede nunca transferirse; razón debió tener Dios al obligar al hombre a escribir su palabra. No es conveniente llegar a manuales operativos que limiten la espontaneidad del Espíritu Santo, pero un maestro puede olvidar todos los días su borrador, porque no existe un simple manual de consejos para instructores, donde se recomienden los aspectos importantes para impartir clases, preparar materiales, elaborar exámenes o motivar el ánimo de las personas.
2. Considere los ministerios como productos.Eso es sumamente importante luego de lo que hemos visto. La Iglesia tiene diferentes ministerios que suman a una sola visión, que debe estar diseñada para que cada proceso aporte una cuota claramente identificada. Pero cada ministerio debe considerarse un producto independiente. Los logros serán diferentes, pero deben ir en concordancia con los planes globales de la iglesia.
Por ejemplo, considere el Ministerio Infantil como un producto, dentro del cual diferentes estrategias cumplen los objetivos para los cuales fue diseñado y con metas que puedan ser mensurables. Si entre esas estrategias se incluyen una reunión dominical, un curso vacacional, un programa de títeres y un plan de evangelismo infantil, considere que cada uno de esos cumpla un propósito especial en el ciclo de vida del ministerio infantil. Se dará cuenta así que los clientes son los niños y adolescentes, que el producto es su salvación, que la forma de adquirirlo puede ser asistir a la reunión dominical o el alcance de nuevos integrantes y que lo importante es que haya un equipo con la creatividad necesaria para lograr esas metas en el año.
Instruya al equipo responsable de este ministerio, para que su plan de trabajo anual, vaya en concordancia del ciclo de vida de ese producto. Debe iniciar con una forma impactante para llamar la atención, continuar con un esfuerzo de crecimiento con el fin de alcanzar beneficios no solo económicos sino sociales y espirituales. Habrá etapas de madurez y saturación durante el cual se espera los mayores resultados y habrá inevitablemente una etapa de declinación, que sucede los últimos meses del año en la cual debe lanzarse el producto del año siguiente para mantener una extensión apropiada. Es adecuado previamente el diseño de estrategias para esta fase difícil con el objeto de extender el ciclo de vida hasta que el año termine sin tener que hacer un esfuerzo tan grande de arranque el siguiente período.
Si tiene la opción de decidir los equipos de trabajo, no los cambie cada año, y si esto no está a su alcance por las reglas de la denominación, intente proponer que los integrantes de los equipos salientes jueguen un papel de asesoría a los equipos entrantes con el propósito de mantener continuidad.
Esta estrategia puede aplicarla a los diferentes ministerios: juveniles, financieros, discipulares o evangelísticos. Si la palabra mercadotecnia le parece ofensiva cámbiela por planificación estratégica o un sinónimo de su preferencia, pero decida vender su producto con eficiencia. Si cuenta con algún profesional en el área de administración de empresas o carreras afines, involúcrelo pues le será de beneficio.
3. Piense seriamente en invertir en publicidad.Para ello no necesita contratar una empresa especializada. Puede usar diferentes estrategias que le permitan comunicar efectivamente dentro y fuera de la iglesia todas las maravillosas cosas que hace. Los eventos especiales, celebraciones o reuniones semanales deben tener el suficiente esfuerzo de comunicación con el propósito de lograr los impactos deseados.
Maneje un equipo de personas creativas que se dediquen a diseñar estrategias para la comunicación de los eventos.
El equipo de comunicación puede buscar medios al alcance, aunque estos tengan que iniciar con comunicaciones verbales atractivas desde el púlpito. Estas deben hacerse en función del ciclo de vida del producto anunciado sin olvidar que algunos anuncios debe hacerlos usted. El acceso a medios informáticos cada día permite hacer atractivos volantes para eventos especiales y puede estar en los planes de este equipo la implementación de un boletín que se pueda distribuir con cierta periodicidad. El uso de un pizarrón de anuncios será importante, en un lugar apropiado y con buena creatividad puede convertirse en un punto de comunicación de ideas, aún aquellas que sean muy extensas.
Este equipo puede aportar capacitación a los diferentes ministerios para transmitir o intercambiar ideas y si puede involucrar personal profesional como ser publicistas, diseñadores gráficos, personas con facilidad de escribir o comunicar, será más efectivo.
Lo demás queda en su creatividad, puede invertirse en un equipo de proyección que cada día son más accesibles, así como un buen rótulo, página en Internet o las oportunidades que se vayan prestando para lograr comunicar más, dependiendo del tipo de usuarios que tiene.
4. Intente mantener una buena imagen de la Iglesia.Lo que las personas perciben de la iglesia, tanto dentro como fuera de ella está muy relacionado con el arte de comunicar y vender nuestros servicios. Recuerde que no todos estos consejos de imagen corporativa se adaptan a cada iglesia, pues deben estar en consonancia de los medios disponibles. Usted tendrá que decidir que implementa y el tiempo apropiado. El factor económico no es la única limitante, esto lo puede comparar si valora la inversión existente en equipos musicales y de sonido.
Una iglesia con una fachada no muy atractiva o un rótulo desentonante con su entorno puede causar la impresión de descuido, mala atención o mal gusto. Si bien la fachada no es el todo de la iglesia, no es muy caro invertir en una cara limpia, armónica y que denote la presentación de los hijos de un rey constituidos embajadores de su dominio en esta tierra.
Debe invertir en la selección de las personas involucradas en el servicio de atención en la puerta del templo, acomodamiento de personas, cuidado maternal, recolección de ofrendas o cualquier servicio donde un visitante tenga una primera impresión. Estas personas deben tener don de servicio, amabilidad, sonrisa natural, buena presentación y aquellas características que permitan que las personas sean atendidas como se lo merecen. Seamos sinceros, no todos tienen esas cualidades y debemos invertir en la selección y capacitación de este recurso.
También para invertir en la imagen, debe hacer esfuerzos por estar accesible a las personas no solamente en el tiempo de reuniones. Para esto hay diferentes formas, de acuerdo a la ubicación en la ciudad o medios de transporte. Hacer un esfuerzo por estar cerca no solamente se puede lograr con una oficina, claro que esto es lo mejor. Pero debe estar disponible para la comunicación que pueda venir desde afuera; un apartado postal, correo electrónico, teléfono o página en Internet son formas de estar cerca de las personas. Sobre todo si hay alguien que responda a la comunicación entrante.
Y también será importante poder invertir esfuerzos en mantener una comunicación hacia afuera, esto ayuda a mantener la imagen y prestigio ministerial. Frecuentemente los medios de comunicación escritos aceptan editoriales enviados por un pastor o líder de la iglesia. Es Obvio que para esto será necesario preparar material con buen estilo en su redacción y contenido. Hoy día publicar material en Internet es sumamente fácil y en la medida de las capacidades de la iglesia el producir materiales impresos o multimedia puede no solamente mantener una buena imagen sino ser una forma de apoyo a otras iglesias al tiempo que se pueden generar ingresos que sostengan estos esfuerzos.
5. Prepárese para evitar el fracaso.El esfuerzo en evitar el fracaso es más importante que el depositado en lograr el éxito. Por supuesto que un ayuno resuelve la vida de cualquier creyente fervoroso, pero muchas veces sufrimos depresiones porque no nos esforzamos en afrontar nuestros defectos. Entre mayor es nuestra responsabilidad ministerial, más difícil es aceptar los errores, a pesar que los sabemos porque alguien los ha mencionado o porque en el cinismo eclesiástico los aceptamos como comportamientos irrenunciables. Me refiero a defectos que pueden ser fatales, como el descuido de la apariencia personal, la costumbre de iniciar proyectos y dejarlos a medio camino, el pelearnos con las personas cuando creemos que están ganando o el resentimiento ante posiciones opuestas a las nuestras.
Los defectos no los consideramos pecados, porque frecuentemente son malos hábitos que pueden ser el resultado de toda una vida acostumbrada a funcionar así, sea porque algunos momentos del pasado nos llevaron a ello o porque tenemos capacidades no desarrolladas conocidas como debilidades y en ellas se filtran comportamientos que desagradan.
Sea sincero y conciente de ello, y si tiene mayor valor, haga lo que hizo Jesús, preguntarle a personas de confianza qué creen otros de usted. No ganará el cielo en saberlo, podría ser desagradable, pero es fatal no afrontarlas, puesto que cualquiera de las recomendaciones de este material podría echarse a perder por un hábito no bien manejado.
Por esa razón insisto en decirle que es más importante esforzarse más en evitar el fracaso que en lograr el éxito.